Para no morir

ves negra….siempre entre nosotros…

Cuento de Claudia Korol para la ‘Juana Pimienta’

Para no morir, canta Mercedes su canto en lugares lejanos de nuestra memoria.

Canta en un disco negro y redondo, de esos que ya no existen. La pasta, la
púa, la voz de la Negra… hacen un agujero en los sentidos. Perfora la
Negra nuestro cansancio, nuestras derrotas, nuestra desmemoria. Rompe la
tarde su voz, hasta el eco de ayer.

Canta desde el vinilo para dormir al negrito, para despertar a la negrita.
Canta a los antiguos dueños de las flechas, a la luna tucumana, a run run
que fue pal norte, a su hermana la libertad. Canta y protesta. Canta y
enamora. Canta y baila. Canta lo que cuenta.

Canta la Negra zambas y sambas; tangos y vidalas; chacareras y
carnavalitos; himnos y oraciones. Canta violetas, zitarrosas, victorjaras
y atahualpas. Cantando rockea y rapea; folklorea y milonguea. Todo canto
canta la Negra para no morir.

El escenario en el que reina, es territorio recuperado para los cantores y
cantoras que no callan, para quienes hacen rebeliones, para quienes se
siembran en la tierra su esperanza, o navegan sin rumbo, como lo hace el
tiempo en el destiempo. Todas las voces todas caben en su poncho.

Muere cantando la Negra. Muere en su costado más humano. Muere porque no
quiere ser eterna. Muere porque no es una diosa. Muere porque su canto
ancho e intenso, es más grande todavía porque es definitivamente humano.
Definitivamente humana es la Negra. Y su magia, su encanto, su forma de
enamorarnos para siempre, nace precisamente de esa manera vulnerable de
ser fuerte, de esa ternura guardada en un golpe de bombo. De esa inasible
y valiente fragilidad. En su voz que se perdía cuando la lejanía le rajaba
el alma.

Recuerdos. La Negra cantando en los fogones de los 70. La Negra cantando
entre la policía que intenta desalojar al teatro en plena dictadura. Una
canción tras otra dispara la negra contra los oficiales de la muerte…
Todos pedimos y ella dispara… la carta. La Negra cantando en el exilio
como la cigarra. La Negra volviendo gigantesca, enorme.
Crecida por el dolor y el amor. Acunada nuevamente por su pueblo.

Cuando la Negra canta, cuesta entender que tanto canto pueda nacer de un
solo cuerpo. Que en un grito puedan entrar nuestros muchos gritos. Y que
aquel cuerpo monumental, que parece agotado, comience a levantarse de su
asiento, para bailar, encendiendo nuestras emociones, ardiendo nuestro
fuego.

Canta la Negra de una manera que conmueve, evoca, decide, entusiasma,
duele, esperanza, alegra, abriga, anima, sostiene. Canta como quien cuenta
un continente. El canto que la Negra canta contiene un territorio, un
pueblo, una revolución, un camino, un poema, una caricia, un lamento, una
esperanza. Cuando tenga la tierra…

Mercedes canta su canto como quien conoce todos los secretos de la vida y
de la muerte. Morir con su canto no es morir, pienso cuando vivo con su
canción.

Mercedes muere su canto para no morir, para sí vivir. Vida y muerte canta
la cantora desde las resistencias de todos los tiempos.
La Negra es Juana Azurduy en el Alto Perú, es Rosarito Vera, la maestra
argentina, es Alfonsina la poeta, es la gringa chaqueña. Y soy yo, y sos
vos, y somos todas las mujeres argentinas que no queremos volvernos
sombra.

Mercedes es luz, y se queda. Abre sus brazos y se vuelve historia. Yo…
maldigo del alto cielo la hora en que se calla su canto.

Cierro los ojos. La Negra regresa con su poncho rojo hasta el piso. Golpea
su bombo. Llega la Negra cantando. Canta para no morir. Su voz es
contraseña cuando con Amor nos pide: no te entregues corazón libre, no te
entregues. Y sí, no nos entregamos. Todavía luchamos.

Nuestros cuerpos duelen guitarras antiguas, mientras la gente te despide
como puede. Te despide cantando. Dicen que tu voz se arrulla en los
fogones de Honduras, de Guatemala, de Colombia, de Brasil, de Venezuela,
de Chile… y de todita la Argentina, desde el Jardín de la República hasta
Animaná, desde Balderrama hasta la Patagonia. Cantamos llorando y lloramos
cantando la despedida. Te vamos a extrañar. Te vamos a pedir, como tantas
veces, con todas las voces, todas: “Una más y no jodemos más”.

Una más Negra. Cantá con nosotros, con nosotras…Cantá para no morir.

Mercedes Sosa, cantora de América.
Hasta el canto libre… ¡siempre!

Claudia – Octubre 2009


Comentarios

mency Responder

este poema no ha podido hablar de mercedes sosa mejor, es maravilloso, sensible, fino, savio, humano. disculpa pero mis lagrimas no me dejan escribir mas, solo le digo gracias claudia.

ernestocarmona Responder

Claudia…gracias ..me paso lo mismo….gracias de nuevo por las palabras…y por entrar

Post your comment